Estos días he podido leer en el suplemento económico Mercados, que en pleno siglo XXI, cuando lo complicado es despuntar, nos encontramos con grupos empresariales que sin ofrecer novedad alguna a la sociedad de consumo, destacan por encima del resto de empresas del sector. Estas firmas se han dado cuenta que sus organizaciones tienen nombre y apellidos, se transforman, cambian, evolucionan, se forman y siguen produciendo. La tecnología es indispensable para alcanzar determinados niveles de productividad, pero el éxito de cualquier innovación depende de la flexibilidad y de la capacidad de innovación que tenga el equipo humano de la empresa; es decir, lo que los economistas denominan el capital humano.
La tecnología y la información están al alcance de las empresas, por lo que la única ventaja competitiva que puede diferenciar una compañia de otra está, precisamente, en la capacidad de sus empleados.
Es fundamental que la visión de la empresa se transforme de la economía capitalista al modelo capital-trabajo. Las compañias deben invertir en este último factor productivo, dedicando partidas presupuestarias en la formación, selección de personal, incentivos y entrenamientos para mandos medios y directivos.
Esta nueva decisión implica seleccionar los nuevos empleados, escoger los puestos según la valía, por lo que el papel de los responsables del departamento de recursos humanos se convierte en un elemento indispensable. De esta forma, no existe trabajo individual, sino en equipo; no existe capacidad sino competencias; ni trabajo, sino puestos.
¿Estáis de acuerdo?
A.L.
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